La estrategia del gobierno que nos gastamos está clara: echarle la culpa de todo al PP utilizando la amplia disposición a favorecerles que tienen gran parte de los medios de comunicación españoles. Dejar sólo al principal grupo de la oposición pactando con partidos que no llegan a un quinto de los votos, y olvidándose de un grupo con el respaldo de casi el cuarenta por ciento del electorado. Y así intentar respaldar, con la ayuda de gran parte de los grupos periodísticos favorables a la izquierda la teoría de la radicalización del PP. En cuanto a los simpatizantes y a los pocos medios favorables a la derecha, salvo honrosas excepciones, he de decir lo mismo que digo del amplio espectro mediático pro socialista, tratan de desacreditar al contrario enfrentándose a él en todo lo que diga o haga. Por eso nuestra nación cuenta con el votante medio menos crítico y más autocomplaciente de Europa. Nos hacen mediocres, pero ojo, tenemos los políticos que nos merecemos.
Me avergüenza el silencio mediático al que los grupos empresariales dedicados al periodismo someten a formaciones políticas con un amplio apoyo ciudadano como UPyD y Ciutadans-Ciudadanos, con ideas y caras nuevas, menos propensos a pastelear con los grandes negocios. Es lo que tiene ser honrado en este país.
Pero me siento identificado con los honrados, por eso me duele que algunos tipos -y tipas- duden de la honradez de dos personas como Mariano Rajoy o Manuel Pizarro, dos hombres hechos a sí mismos, que están en política por vocación, y fuera de ella ganarían mucho más dinero, a diferencia de la mayoría de los militantes de la cúpula socialista, y de la de su propio partido. En el PP y en el PSOE, a diferencia de lo que pasa en UPyD, hay pasteleros, gente que está en política a quienes no le importa el precio a pagar para ganar, entendiéndose con nacionalistas, independentistas, o con el propio demonio, si fuera necesario. Pero al menos, en el PP han propuesto cuatro o cinco cosas procurando no encorsetarse, de cara a un posible gobierno, en cambio los socialistas han basado su estrategia en desacreditar al contrario, a puñalada mediática límpia. También en esto Rosa Díez y los suyos les han ganado en el campo intelectual, a nuestros infames políticos actuales de izquierda y derecha: una propuesta tras otra, unas ideas definidas y concisas, precisando exactamente qué es lo que quieren, y cómo pretenden llevarlo a cabo si los ciudadanos confían en ellos.
Por esto necesito mojarme: yo voté a Zapatero, no creo que vuelva a hacerlo en el futuro, pero desde luego, no en dos mil ocho. Porque ha resucitado el clima de agitación socio-política más propio de otros tiempos y causa de todos los males nacionales desde hace doscientos años. Si estuviera empadronado en Madrid o una provincia dónde los sondeos den representación parlamentaria a UPyD, votaría a Rosa Díez, pero como estoy en otro lugar, debo decantarme por quién antes pueda poner al tipo de la zeta lejos del timón de mando. Porque aún queda gente honrada y con sentido común en el mundo. Por eso me repugna la puñetera estrategia socialista, la que le decía al periodista aquel el presidente, la tensión de los cojones.