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Tensando a la sociedad

La estrategia del gobierno que nos gastamos está clara: echarle la culpa de todo al PP utilizando la amplia disposición a favorecerles que tienen gran parte de los medios de comunicación españoles. Dejar sólo al principal grupo de la oposición pactando con partidos que no llegan a un quinto de los votos, y olvidándose de un grupo con el respaldo de casi el cuarenta por ciento del electorado. Y así intentar respaldar, con la ayuda de gran parte de los grupos periodísticos favorables a la izquierda la teoría de la radicalización del PP. En cuanto a los simpatizantes y a los pocos medios favorables a la derecha, salvo honrosas excepciones, he de decir lo mismo que digo del amplio espectro mediático pro socialista, tratan de desacreditar al contrario enfrentándose a él en todo lo que diga o haga. Por eso nuestra nación cuenta con el votante medio menos crítico y más autocomplaciente de Europa. Nos hacen mediocres, pero ojo, tenemos los políticos que nos merecemos.

Me avergüenza el silencio mediático al que los grupos empresariales dedicados al periodismo someten a formaciones políticas con un amplio apoyo ciudadano como UPyD y Ciutadans-Ciudadanos, con ideas y caras nuevas, menos propensos a pastelear con los grandes negocios. Es lo que tiene ser honrado en este país.

Pero me siento identificado con los honrados, por eso me duele que algunos tipos -y tipas- duden de la honradez de dos personas como Mariano Rajoy o Manuel Pizarro, dos hombres hechos a sí mismos, que están en política por vocación, y fuera de ella ganarían mucho más dinero, a diferencia de la mayoría de los militantes de la cúpula socialista, y de la de su propio partido. En el PP y en el PSOE, a diferencia de lo que pasa en UPyD, hay pasteleros, gente que está en política a quienes no le importa el precio a pagar para ganar, entendiéndose con nacionalistas, independentistas, o con el propio demonio, si fuera necesario. Pero al menos, en el PP han propuesto cuatro o cinco cosas procurando no encorsetarse, de cara a un posible gobierno, en cambio los socialistas han basado su estrategia en desacreditar al contrario, a puñalada mediática límpia. También en esto Rosa Díez y los suyos les han ganado en el campo intelectual, a nuestros infames políticos actuales de izquierda y derecha: una propuesta tras otra, unas ideas definidas y concisas, precisando exactamente qué es lo que quieren, y cómo pretenden llevarlo a cabo si los ciudadanos confían en ellos.

Por esto necesito mojarme: yo voté a Zapatero, no creo que vuelva a hacerlo en el futuro, pero desde luego, no en dos mil ocho. Porque ha resucitado el clima de agitación socio-política más propio de otros tiempos y causa de todos los males nacionales desde hace doscientos años. Si estuviera empadronado en Madrid o una provincia dónde los sondeos den representación parlamentaria a UPyD, votaría a Rosa Díez, pero como estoy en otro lugar, debo decantarme por quién antes pueda poner al tipo de la zeta lejos del timón de mando. Porque aún queda gente honrada y con sentido común en el mundo. Por eso me repugna la puñetera estrategia socialista, la que le decía al periodista aquel el presidente, la tensión de los cojones.

Las cuentas sobre la mesa

Hoy les toca a los sociatas. Porque resulta que me han tocado demasiado los cojones ya. No les basta con aliarse con el cacique local de turno. Con apoyar estupideces e inmersiones lingüisticas en Cataluña y Galicia, con llevar por bandera cualquiera de cualquier lugar, excepto la nacional, osea, la de todos, argumentando que la derecha se la quiere apropiar y ellos no van a caer en la trampa. ¿Y la señera, la ikurriña (invención del nazi aquel), o la andaluza, esas si las pueden lucir los buenos socialistas, sin que ello signifique apropiárselas? ¿Por qué ese complejo anti-España? ¿la idea de España es de los fachas? El que carece de patria, carece de lo elemental, pues por la patria llega la cultura de todo hombre. Y quién hace de su patria su Dios, con una creencia fundamentalista, pervierte lo elemental. Por lo tanto, tan malo es el nacionalista, como el que reniega de su país. Pero me estoy llendo por las ramas.

Los socio-progres del buen rollito, han querido aprovechar el paso del Pisuerga por Valladolid, para metérsela bien doblada a la derecha, acuchillándola por clerical, sin venir a cuento, para que la gente no se fije en las vergüenzas del gobierno en el que mandan ellos. Digamos que, cómo la economía va mal, en las encuestas se nos acerca el PP, vamos a aprovechar la opinión de los curas, para movilizar a los radicales, y hacerles pensar que si ganan los malos, España va a ser una teocracia, o poco menos.

Y lo peor de todo, es que en España hay los suficientes gilipollas cómo para hacerles caso. Desde luego, si hay imbéciles para considerar fascista a cualquier persona que no comulgue con sus ideas, o que le guste su país, no es de extrañar que para esto se apunten en masa. Además, lo de degollar curas siempre vende.

Ojo, que a partir de hoy voy a ser considerado por los progres que lean esto un representante intransigente del clericalismo, un nostálgico de la inquisición, y un reaccionario. Ah, y un facha, que pocos saben lo que es, pero queda bien llamárselo a los que te critican, ¿verdad, Chávez? A pesar de lo que pensarán algunos, no trato de favorecer a los obispos, es más, a mi me da igual lo que digan, no estoy de acuerdo con su política sexual y familiar en casi ningún aspecto, y soy de los que considera que algún que otro eclesiástico guillotinado hace un par de siglos, nos hubiera venido de perlas aquí, pero entonces el fanatismo estaba de su lado, ahora el fanatismo es anticlerical. ¿Ateo? A juzgar por las simpatías de la izquierda hacia el islam, yo diría que no. Es más, no sé qué junta islámica de España ha pedido el voto para los progres y todo, hay que trincar subvenciones. Con ese clero si pastelean. En cambio no tragan que nuestro clero, el de toda la vida, emita una simple opinión, equivocada seguramente, pero legítima. Y sobre la religión morisca, hablaremos otro día. Porque como decía aquel hombre: si no creo en mi religión, que es la verdadera, ¿cómo voy a creer en las de los demás?

En fin, Rodríguez, Pepiño, y cía. Que a los tontos se la endiñaréis, pero a mi no me engañáis. A pesar del concilio de Trento, y de los Legionarios de Cristo, y del papa Woytila, que me caen como una patada en los mismísimos, vale, pero ni hay un contrato entre ellos y los peperos, ni ninguna otra milonga que desvíe nuestra atención hacia ello.

Así que si les parece a los señores, hablemos de economía, de constitución y de derechos. Olviden las conspiraciones judeo-masónicas, dejen a un lado discusiones que terminaron para muchos con la revolución francesa. ¿O es que tienen miedo de poner las cuentas sobre la mesa?

Harto de mesías

¿Se han fijado como hablan estos políticos, cuya pesada corrección, y personalidad trincavotos padecemos? Ese presidente del gobierno, que con las palabras de un predicador evangelizando infieles promete el cielo regalando un huevo Kínder a cada sector de la sociedad, o ese líder de la oposición, rodeado de los descendientes de los 12 apóstoles, todos con apellidos aristocráticos, y que encima se hacen pasar por liberales, olvidando que el liberalismo es, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades de todos los individuos -e individuas, como dirían ellos- con independencia de su cuna.

Y ahí los tenemos, nuestros políticos de primera fila, de ambos bandos -sí, han vuelto a ser bandos, tras 70 años-, dispuestos a subastarse al mejor postor, al más pleno estilo de los hermanos Marx: “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Míra a la corte celestial socialista, que olvidando que lleva cuatro años mandando, sigue haciendo oposición a la oposición. O la clerical aristocracia pepera, siempre pretendiendo que España siga a remolque de Europa. Y claro, no faltan tampoco nuestros humoristas -por utilizar este eufemismo- periféricos, dispuestos a inventar la historia, y la cultura, a manipular y crispar a la opinión pública y la sociedad, a crear en sus regiones, con el beneplácito del PSOE y a veces también el PP, un nacionalismo omnipresente, olvidando derechos, libertades, y realidad histórica, con tal de que les dejen seguir chupando de la teta.

Por eso entre tanta basura, da gusto oír a hablar de nuevas opciones, como UPyD, de la ex-socialista Rosa Díez, que, harta de ser vendida por su partido, decidió encabezar una opción que partía de cero, con el riesgo de perder para siempre su sitio en primera línea política. Hay mujeres -y hombres, que dirían los correctos- con un par. O esa otra opción que nos llega desde Barcelona, la de Ciudadanos, de Albert Rivera, que obviando todos los boicots que por denunciar los excesos del nacionalismo catalán sufre, se dedica a defender los derechos de las personas y los ciudadanos, tan olvidados por la corrección política, en nuestros días.

Por eso, porque estoy harto de mesías y de tontos del culo trincavotos, ojalá en estas elecciones saquen unos cuantos escaños, Díez y Rivera, sin complejos, pues necesitamos aire fresco en nuestro sistema político.

He terminado de leer Un día de cólera, de Arturo Pérez-Reverte, una novela para cuya elaboración el autor ha utilizado una documentación bastísima que queda plasmada en los más de cuatrocientos personajes, todos reales, que aparecen en ella. La novela trata de una fecha señalada en rojo por la historiografía de nuestro país, la jornada que condicionó toda la historia contemporánea de España.

En algunas de las escenas que aparecen en el libro, he podido recordar los cuadros de Goya, la crueldad, perfectamente plasmada en negro sobre blanco por el autor, don Arturo. Pero en la llaga en la que quiero meter el dedo es en la de la desgracia patria. Aquellas gentes que salían a degollar soldados franceses, gritaban vivas a Fernando VII. Y que nadie osara decir algo en contra del deseado rey, pues corría peligro de ser degollado, desde aquel lunes, hasta el final de la guerra. Y de ahí en adelante también… por desgracia.

En lo que quiero hacer incapié es en la maldad y la traición de un mentiroso y un cobarde: Fernando VII. Un perfecto malnacido. En palabras de Galdós “…el monstruo más execrable que jamás haya abortado el derecho divino…”. Fernando VII se pasó los seis años de la Guerra de la independencia en Francia, al resguardo de los tiros y del peligro, y felicitando a Napoleón por cada una de sus victorias frente a los patriotas y los ingleses en España. Haciéndole la pelota al que había invadido su país, al comandante en jefe de las tropas que saqueaban pueblos y cometían otras tropelías en España. Era la guerra. Por si fuera poco, al llegar del exilio, como rey, gracias a los militares, a los ingleses, y a los paisanos que se echaron al monte. Primero juró la Constitución, después la derogó y persiguió a todos esos guerrilleros y militares liberales que le habían dado el trono, véase la ejecución de El Empecinado.

¿Esto es lo que nos queda siempre a los españoles? ¿Aguantar de nuestra clase política y nuestros gobernantes este tipo de reacciones de agradecimiento? Hoy en día, por supuesto, no son tan descarados como el Rey Felón. Pero disimuladamente, muchos políticos españoles, parecen no haber aprendido de la historia. Quizá porque no la conocen.

Una de analfabetos

Después de la imagen de crispación política que la prensa nos ha transmitido en los últimos tiempos, uno, que aunque no participa, opina y sigue la información de carácter público; se hace ciertas preguntas.

Vamos a ver, según los sociatas, ¿de quién es la culpa? de los peperos, y según estos, viceversa. Enemigos irreconciliables parece. ¿La situación a quién beneficia? a los de siempre. ¿Quiénes son los de siempre? los nacionalistas periféricos. ¿Estos qué opinan? Que la culpa de todo la tienen, por este orden: el nacinalismo español, al que asocian con el PP y cualquiera que mencione las siguientes palabras seguidas: “Nación española”. Y según los pobres nacionalistas regionales, que los de centro-izquierda tampoco se pongan gallitos, que para ellos también hay. Y claro, ante la duda, míster Llamazares con estos cede, antes de que le pregunten, Rodríguez ZP, dice sí a todo, y el primo del físico, osea Rajoy, o al menos su partido, da buenas palabras que nunca vemos transformadas en hechos. ¿Saben como se le llama a esto, señores? Cobardía política. No vaya a ser que nos llamen fachas, decimos que sí. O, cuidado, que igual necesitamos su apoyo para hacernos con el ayuntamiento de Mataburros del Pesebre. Y claro, el enemigo resulta ser el que de verdad te puede quitar el gobierno, osea, si eres pepero el PSOE y si eres sociata el PP. Dicho de otro modo: les importa una mierda España, la nación, la calidad de vida, la estabilidad política, la solidaridad entre regiones y toda esa murga, que dirían ellos en la intimidad. Lo único que quieren es gobernar a toda costa, destruyendo a un adversario que debería ser un amigo, frente a los ataques a la cultura, a la historia común, a la solidaridad y a la tradición demócrata-liberal de nuestro país.

Ah, y antes de que se me acaben las ganas de escribir sobre estos hipócritas, quiero decir que se dejen de excusas algunos, no hay nada más cercano al fascismo y al nazismo que el propio nacionalismo, ese que quieren convertir en progre algunos como Carod, o en moderno algunos como Ibarretxe. Otra nota: el nacionalismo español nunca ha tenido representación parlamentaria en unas elecciones democráticas. Es más, su número de votos es muy pequeño y nadie conoce a los falangistas y compañía. ¡Y ojalá sigan sin conocerlos! Ojalá el nacionalismo español siga sin sacar escaños. Quiero decir con esto, que algunos analfabetos deberían abstenerse de llamar nacionalistas al PP o al PSOE. Y de confundir patriotismo con nacionalismo. O confundir defender la lengua castellana como herramienta de comunicación, con querer reconquistar el imperio dónde nunca se ponía el sol. -Ah, claro, perdonen, que esto no lo saben, o quizá les suene, ya saben, la historia de ese fascista de Felipe II… y toda esa murga-.

¿Saben por qué esto pasa en España y no en Francia, verdad? Siendo países en teoría muy parecidos… Está claro, por el analfabetismo funcional que padecemos los españoles. Ese que hace que confundan algunos patriotismo con nacionalismo. Nacionalismo periférico con progresismo. Independentismo con el no va más. O al partido de la oposición con el gran enemigo. O estudiar la historia de una manera objetiva, con centralismo partidista.

Lo que más me duele, es que todo esto no tiene solución. Ojalá me equivoque y mañana nos venga un De Gaulle español, a salvarnos de la demagogia… como hizo aquel hombre trayendo a Francia la constitución de la V república. Soñar es gratis…

A pocos meses de la conmemoración del cuadragésimo lustro, vigésima década, quinto de milenio, o bicentenario del levantamiento del 2 de mayo, del llamamiento de los alcaldes de Móstoles a la resistencia (nuestros de Gaulle), y de la salida al monte de muchos de nuestros antepasados dispuestos degollar a cuanto enfant de la patrie se cruzara en su camino; no se me ocurre a mi otra cosa que titular mi artículo en gabacho. Perdón, en Francés. C’est la langüe de l’amour… non?

Oui, mon ami, de l’amour. Y es que cuán fácil es enamorarse una vez superado un pasado desamor, ¿verdad?. Pero no todo van a ser frases bellas en la lengua franca (de los francos) y otras horteradas que sólo dejan de serlo cuando sientes palpitar tu corazón al recibir una sonrisa, al escuchar la voz de una persona que, al contemplar sus ojos por primera vez, te diste cuenta de que era única. Ahí es cuando todo cobra sentido, y lo hortera pasa a considerarse hermoso.

Pero lo que rompe mi corazón contra el acantilado de las rocas de la desesperación y la inseguridad es no saber qué es lo que ella responderá a mi propuesta, ni cómo planteársela. Tampoco ser capaz de ello esta vez. Pese a haber tenido distintos tipos de relaciones con otras mujeres, soy un analfabeto a la hora de conquistar a esa dama con magia, a esa hechicera que, con sus encantos, me ha robado el corazón.

PD: Espero que en esta contienda de la que soy guerrillero y llevo por mosquete mi corazón y por sable mi propia alma, a diferencia de hace 200 años… no venga Fernando VII y me eche las ‘caenas’.

Cada vez que la veo…

… mi corazón reacciona.

Cada vez que me habla…

…mis piernas tiemblan.

Cada vez que sonríe…

…me llega al alma.

Ahora resulta que España se fundó en 1714 por obra y gracia de Felipe V. Els Borbons, reis centralistes, etc. Lo peor de todo no es que cuatro fanáticos hipócritas afines al nacionalismo más extremista contradigan a Maquiavelo, que en el siglo XVI llamaba ya rey de España a Fernando el Católico. Bueno, perdón, Ferrán de Catalunya. A Maquiavelo y a historiadores y archivos de medio mundo. Y obvien la España Romana y la Visigoda, la latina Hispania. O el afán reconquistador de los reinos cristinaos durante toda la edad media, preocupados por salvar España de los infieles. Lo peor de todo es que hay gente dispuesta a creérselo.

Hasta hace poco, una famosa enciclopedia de Internet, la tan cacareada Wikipedia de los cojones, era para mi una fuente de información veraz, pese a estar elaborada por los propios usuarios, siempre mencionando fuentes. Pero era precisamente esa moderación usuario tras usuario la que me inspiraba confianza y ahora me desagrada. Porque, en manos de usuarios vulgares, puede ser un arma letal de confusión. Sobre todo si los usuarios cultos se cansan de cambiar constantemente las referencias y los datos incorrectos, tergiversados por una visión politizada de la historia. Una visión hipócrita, por supuesto que nos impide comprender objetivamente por qué murieron o por qué vivieron nuestros antepasados.

Si entramos en la versión catalana o en la vasca la cosa se pone ya de licencia literaria, ya que, que digan que Unamuno o Indurain eran de una nacionalidad llamada Euskal Herría, olvidando que el primero se sentía principalmente español, y el segundo compitió con la selección española de ciclismo, y fue abanderado por la bandera nacional en más de una ocasión, es insultar al lector.

Señores de la Wikipedia, hay cosas que deberían dejar claras, y más si afectan a millones de personas. En serio. Algunos estamos cansados de tanta manipulación de gente cercana al nacionalismo vasco o catalán. O por qué no decirlo, gente nacionalista. Y más cuando hemos visto en el siglo XX europeo, las barbaridades que con mentiras de este calibre han perpetrado los nacionalistas. O los ignorantes.

La valentía de un héroe

Vivimos en un mundo dónde parece que nos hemos creado una burbuja que nos aisla de la realidad. Me refiero a que tenemos unos valores y unas ideas de paz que no son malas, pero al mismo tiempo nos olvidamos del valor, de la justicia, o de la amistad, incluso del perdón porque muchos de estos principios exigen la existencia de violencia, odio, enemistad u otro tipo de males que aquejan y aquejarán al mundo mientras existan seres humnanos. Porque mientras existan seres humanos habrá odio, envidia, malas intenciones, mediocridades y bajezas. Por eso parece, que para olvidarnos de todo eso peyorativo que caracteriza al ser humano, nos creamos una burbuja aislante que hace que nos olvidemos de que lo realmente bello, es que entre toda esa mierda hay personas que merecen la pena, que salen ahí, e intentan darle la vuelta, intentan que por una vez los hijos de la gran puta no se salgan con la suya, algo que generalmente no consiguen, pero lo que si logran, es que a los malos no les salgan gratis sus injusticias estúpidas, y lo que es más importante, sirven de ejemplo a otros, son una luz en la penumbra de la noche.

Sé que a los ojos de cualquier imbécil o ingenuo, esto que voy a decir sonará muy incorrecto, y pensará que no se debe hablar de ello. Pero debo decirlo, asi que allá vamos. Más allá de la corrección política y otros complejos que aquejan nuestro tiempo, todos hemos visto peleas en los patios de colegio o hemos participado en alguna en nuestra infancia, o en nuestra adolescencia en el instituto. Eso, si de adulto a alguno no le ha tocado también batirse el cobre en legítima defensa. A lo que voy. Hay una serie de personas que lo único que buscan es la gresca, la pelea, la provocación, y campan por el mundo a sus anchas, seguros por su fuerza física de que nadie se les opondrá. En estas circunstancias, y más aún cuando concurren agravantes, como injurias a la legítima, combiene recordar la figura del héroe. Aquí hemos caído en la falsa idea de que el héroe es el que gana la pelea imponiéndose por su fuerza física. Dicho de otro modo: muchas veces, seguro de su victoria, es considerado más hombre o más valiente el que provoca la pelea sabiéndose más fuerte. Y aquí está el error. El héroe en realidad nunca ataca. El héroe sólo interviene en su propia defensa o en la defensa de las personas a las que aprecia, o de personas indefensas que por desgracia se han topado con un impresentable. El héroe no es siempre el ganador de la pelea, sino el que por una causa noble y justa, da todo lo que tiene dentro de sí. Puede que los malos sean más fuertes, pero son más cobardes porque han provocado una pelea a sabiendas de su superioridad física. El héroe se bate sin provocar la pelea, sólo movido por el deber, por el honor, aún a sabiendas de su inferioridad física y riesgo personal. Es ahí donde entra la superioridad moral. Y rara vez ocurre. Pero cuando un héroe consigue salir victorioso, se abre un rayo de esperanza. Por eso siempre necesitamos héroes, porque aunque pierdan, siempre habrá otros dispuestos pararle los pies a los hijos de perra que hacen que éste sea un mundo inhóspito.

Fuera de contexto

El otro día, en una página web, una buena paisana básicamente acusaba de -digámoslo así- no contribuir a la igualdad de sexos -ella supongo que diría géneros- a el autor español Arturo Pérez-Reverte. No suelo responder ni contestar a la gente que interpreta parcial e interesadamente un artículo, y menos a fanáticas del feminismo -las feministas de verdad tienen más cultura-. Pero esta vez además de tocar a uno de mis autores favoritos, percibí que esta señora no se había enterado de nada y por si fuera poco demostraba con pelos y señales su erronea teoría. Con lo cual decidí dedicarle a tan confiada autora el siguiente comentario:

“Bueno, yo personalmente te puedo explicar el artículo de Don Arturo (Pérez-Reverte). Pero no me vas a entender. O no me vas a querer entender. Pero lo cierto es que no se pueden sacar de contexto frases sueltas o incluso artículos. He leído mucho de Reverte. Es un genio, simple y llanamente. Y juro por mis muelas que jamás he percibido ninguna intención de hacer apología del machismo. Vamos a ver, lo primero que hay que saber es en el contexto de qué sección quiere el autor publicar su opinión, ya que, muchas veces para hacer llegar la noticia hace gala de la guasa que hay en su genio, y si no miras un poco más allá no lo puedes entender. Lo segundo es saber claramente a cuento de qué viene cada afirmación. “¿Acaso no se mata a los caballos?” es una obra literaria no me acuerdo ahora mismo de qué autor anglosajón. Y lo segundo, es muy normal comparar personas con animales. Y no creo que por criticar ciertas modas o formas de vestiar o de comportarse nadie tenga que ser un falócrata empedernido. Y luego está el tema de la lengua. Pero para eso debería explicarte el género neutro latino y la ley del mínimo esfuerzo. No tiene nada que ver con la discriminación sexual.”

“Lo triste es que haya gente que se dedique a criticar estas opiniones personales sacándolas de contexto -y cuando digo contexto me refiero a entender el lenguaje inteligente del novelista cartagenero- y desvíe la atención de principal tema de la cuestión. Lo que consigues criticando cualquier cosa que se te imagine a ti que huele a machismo es que no te hagan ni caso. Y que la gente considere menos graves los temas que de verdad son graves, como el machismo de verdad, me refiero desde el empresario que despide a una embarazada hasta a los hijos de puta que le amputan los genitales y le roban el control de su vida a una mujer argumentando seguir su supuesta tradición cultural.”

“Y creo que mi amigo el corsario, ya ha explicado en más de una ocasión su repulsa por el verdadero machismo. Dicho de otro modo -para quienes no entiendan mi argumentación anterior-, salvo calumnias, amenazas y demás supuestos previstos en el código penal, cada uno puede escribir lo que le salga de los cojones (o de el chumino).”

He estado echándole un vistazo al libro de Juan Eslava Galán Historia de España contada para escépticos. Y la verdad, me he quedado muy triste y pensativo. No por que el libro sea malo, todo lo contrario, es genial. Un libro perfecto con citas a documentos de la época y un ajuste total a la verdad histórica. Y ese es el problema. Me he dado cuenta de lo que realmente ha sido, es y será nuestra nación.

Ha sido gobernada por cobardes y fanáticos de toda índole -salvo honrosas excepciones-, donde -históricamente- siempre ha habido una gran masa de población inculta y manipulable. Hasta aquí, podríamos decir que como en la mayoría de los países del mundo -occidentales o no, el poder, el fuerte contra el débil, ya se sabe-. El problema es cuando te das cuenta de la cantidad de veces que hemos estado a punto de levantar la cabeza, de mirar al futuro como lo hicieron Francia o Inglaterra. Cuando te das cuenta que mietras los otros países luchaban contra un enemigo exterior que no les dejaba salir adelante, nosotros no necesitabamos que vinieran de fuera a ponernos cerco, puesto que nosotros mismos ya nos lo poníamos.

Esta es la triste historia de una España que le rindió honores a Fernando VII, el mayor traidor que jamás haya tenido ninguna nación como monarca. Mientras dejaba morir en el exilio a las mentes más lúcidas que jamás vieron los tiempos como por ejemplo Goya. La envidia y la ignorancia quisieron que fracasaran dos repúblicas, varias monarquías constitucionales y un sinfín de proyectos científicos y culturales que, de no haberlo impedido la cobardía, habrían sacado a España de la oscuridad en la que estaba sumida.

Por eso permítanme que en estas páginas haga un llamamiento a honrar la memoria de hombres como Padilla, Bravo y Maldonado; como Bartolomé de las Casas, como Vasco Nuñez de Balboa, como don Gaspar de Guzmán -a pesar de sus errores-; como los marinos Alcalá Galiano, Blas de Lezo, Luis Vicente Velasco, o Churruca; como los militares Daoíz y Velarde; como Juan Prim, Cánovas o Sagasta -a pesar de sus fallos introdujeron a España en la modernidad-; a escritores como Cervantes, Fray Luis de León, y sobretodo Quevedo y Galdós, que fueron los grandes hombres de su tiempo, que no dudaron en criticar los vicios del poder aún en contra de sus intereses personales. A Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, quizá el único político sobrio y serio de su época. A Adolfo Suárez, que como hombre honesto, les daba mil vueltas a sus antecesores y sucesores. A los liberales Torrijos, El Empecinado, Riego o los muchos que como ellos, pagaron las canalladas del Rey Felón, Fernando VII. A científicos como Miguel Servet, Santiago Ramón y Cajal, o Leonardo Torres-Quevedo. Si la envidia y la ignorancia no se lo hubiera impedido, y el pueblo hubiera sido lo suficientemente lúcido como para darles la razón en su tiempo, otro gallo nos hubiera cantado. Porque, frente a la vergüenza ajena que producen otros, estos sí hacen que te sientas orgulloso de ser su compatriota.

Recuerdos del pasado

Estoy escuchando una canción de Sabina. De pequeño escuchaba a Sabina, en aquel final de los años ochenta y principios de los noventa. Supongo que cuando iba con mis padres en coche, o con mi tío. El caso es que me ha traído a la memoria los recuerdos de aquella primera infancia. Me acuerdo aún de mi primer día en la escuela, allá por 1989. De las calles con cunetas -algunas sin asfaltar- en mi pueblo, del coche único y de segunda para toda la familia, aún eran varios los labradores que usaban caballerías en lugar de tractores, o combinaban lo uno con lo otro, siempre en ese ambiente rural aún inalterado. En la tele sólo los dos canales públicos: aún recuerdo cuando llegaron las privadas, y hubo que cambiar la antena para cogerlas. Eran los tiempos de la caída del Muro, del fin del Telón de acero, de la Guerra del Golfo, etc. Otros tiempos. Tiempos de cambio. Hasta llegar 1992 y ver en televisión a Cobi y las olimpiadas de Barcelona.

Pero quiero fijar mi mirada hoy en aquellos años ochenta, cuando aún no eramos nadie. Cuando no existían para nosotros, la gente común, de un pueblo perdido en la meseta, ni los ordenadores, ni los teléfonos móviles -o al menos no estaban a nuestro alcance- ni internet, ni la madre que lo parió.

Entonces, si querías algo, tenías que acercarte a una persona, y hablarle cara a cara, o, todo lo más, ir a casa de un vecino que tuviera teléfono -si es que tú no tenías- y llamar a quien deseabas, esperando que a la vez el destinatario de tu conferencia estuviera en casa y tuviera al alcance del oído el sonido del teléfono. Eran otros tiempos.Motocicletas atrasadas. Bicicletas. Veranos en el río, que por entonces no estaba tan lleno de mierda como lo está ahora. Entonces aún podías pegarte un chapuzón y salir tranquilo del agua. Aquella era una vida tranquila. La gente trabajaba en el pueblo. Iban al rosario, a misa y al vía crucis. Los vecinos se reunían en concejo. Todo era más calmado y sano, a mi juicio.

Luego avazaron los noventa, yo crecí, y casi sin saberlo, nos hemos metido en una sociedad avanzada, no sé si mejor o peor según que casos. En la que puedes estar localizable en todo momento. Nunca estás sólo, sin embargo en todo momento te puedes sentir interiormente en una soledad aterradora: la de un mundo, o una gente que a medida que avanza la economía o la tecnología se vuelve más insolidaria, más ignorante, más envidiosa. Hace sólo dos décadas en el pueblo, entrabas a casa del vecino, cogías prestado un útil de labranza, por ejemplo, sin necesidad de pedir permiso, y él tan contento si te veía por la calle y le decías: oye, te cogí el azadón. Había esa confianza. La gente no estaba tan envilecida como para traicionar a un paisano que te abre la puerta de su casa a todas horas. Pero como decía, todo eso ha cambiado. Incluso el río, se ha visto, ante la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan, alterado y contaminado. No me digan como, pero ya nadie opta por el baño fluvial, sin colorantes ni conservantes, en favor de la piscina.

De pronto nos hemos visto rodeados por una situación que nos supera. Miedo en cada esquina a que un pavo saque la chaira y nos robe todo, desconfianza en cualquiera que veamos por la calle, aunque lo conozcamos de toda la vida, rencores absurdos, envidias dignas sólo de paletos y tontos de baba. Buena vida. Mucho dinero, mucho placer. No soy un necio, malos ha habido siempre, sin embargo, y sin que sirva de precedente, hoy me refiero a la sociedad y no al individuo.

Pero, deberíamos preguntarnos alguna vez cuándo y porqué perdimos la confianza, el respeto por el prójimo y por el entorno y el calor en el trato humano.

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